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damaris calderon, cuba

CEMENTERIO DE COLON/ SPOON RIVER

 

¿Con qué lengua

repleta

de mudez

vas a nombrar

(si nombras)

tu ciudad,

las ciudades?

 

Tres veces te negué,

Spoon River, Matanzas

de mi nacimiento.

Intenté elevarme sobre ti,

me avergoncé

aguas

del San Juan provinciano.

Tres

veces

(en tristeza de múltiplo).

Dura como la roca

contra los arrecifes.

 

A la sombra

de los jagüeyes

(no ceibas)

Lorenzo

García Vega

vuelve

amarrado a otras bestias.

Spoon River/ Jagüey

pequeño,

miserable,

irradia

cierta luz

por el manchón blancuzco

desleído.

Un hombre solo

(un viejo)

alumbra más

que el tendido eléctrico,

es más oscuro

que una boca de lobo.

La fiera de Wittgenstein,

de Dios,

escribe

-ara-

el mismo surco

(bustrofedón bustrofedón)

de derecha a izquierda

de izquierda a derecha

siempre

en sentido contrario.
Lorenzo

García Vega

(el muerto

más grande del pueblo)

vuelve

(regresa)

-sin aspavientos-

en un carrito de supermercado

tirado por Gombrowicz

y la noche.

 

Y

Ando a tropezones

(como) un ciego

toco madera

(bulto):

mi casa.

Tres:

son los deseos

de las aguas

(albañales).

Tres:

el instrumento

musical

de la negación.

Raquel

(mi madre)

va por agua

sin piedra de fundamento.

Quemo

Todo lo que no tengo

(guásima, palma,

pabellón

de oro).

Hay que coser (Kozer)

el paño del país,

(lienzo de la Verónica),

remiendo.

 

Cuatro yardas de tierra

y los dedos

salientes

de los muertos,

Edgar Lee Masters.

 

En este pueblo

sin una historia sórdida

no me construiré una lápida

ni el epitafio

que patentice mi mortalidad.

 

No.

Ni un solo chiste para mi propia mueca.

 

Cuatro yardas de tierra

y esos dedos salientes

entre la hilaridad del césped,

Edgar Lee Masters.

 

Esos dedos salientes

(los cortamos)

demasiados pesados

para cargarlos

en un ataúd.

Bosta

que no llorarán

ni

los caballos de Aquiles.

 

Cal de  los huesos

Cal de las paredes

 

intestinos

esófagos apetecibles

redondos y pulidos

con una glacialidad

desconocida en el trópico.

 

Y cuando les abrimos

el pecho con una sierra

apareció la madera

con que el campesino construyó su casa.

 

Cal de los huesos

Cal de las paredes

 

Nos comimos al ave de la salutación.

 

 

Tus mínimas pisadas:

fruto y gusano.

Pájaro cuervo grajo

vuela negro en lo efímero.

 

 

manchón blanco

                                la música

paletada de

                                rojos sienas invaden

                                la música

ojos bocas narices

paletada de

oídos obstruidos

                                la música

sol corpóreo

esqueleto

                que

              brán

      do

              se

                                la música

manchón verde

sonido

                                floresta

paletada de

                                la música

en la herida                             la espiga

terrón

música

paletada.

 

Ser la brizna de hierba

que una mano se lleve

a la boca.

 

Damaris Calderón, La Habana, Cuba.

Reside actualmente en Santiago de Chile

 

Por lobitogabriel - 14 de Marzo, 2006, 17:17, Categoría: poesia
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